EL LENGUAJE INTERIOR Y LAS HUMANIDADES

El lenguaje siempre está creciendo y encontrando nuevas forma de expresión, con el fin de mostrar vivencias y experiencias siempre nuevas, que evolucionan de época en época, de tiempo, en tiempo, de era en era. El cliché siempre mencionado de que todo ya ha sido dicho, de que las vivencias, desdichas, y alegrías humanas son siempre las mismas y se repiten, contradicen la  historia misma del lenguaje, de la mente y del espíritu.

Una muestra indeleble de todo aquello que aun hay por decir, lo muestra el uso siempre nuevo de metáforas, de analogías y mitos. Para describir vivencias, sentimientos, pensamientos, en fin, todo aquello que haga referencia a nuestro mundo interior, es necesario hacer uso de metáforas, de analogías, de  mitos siempre nuevos, siempre viejos.

Aquellas metáforas, analogías y mitos, van, de época en época, de cultura a cultura, de era en era, a pesar de que presentan muchas de ellas similitudes formales, provenientes de “arquetipos” ancestrales y estructurales, evolucionando, cambiando y recreándose. Y es que aquellos mismos arquetipos y estructuras crecen, se desplazan crean y recrean en nuevas formas y colores. Y ello ocurre  a pesar de que a veces, para su  aparición, puedan transcurrir cientos o miles de años.

La no existencia de conceptos propios para describir o expresar vivencias interiores, hacen constatar lo limitado del lenguaje y de nuestra condición humana comunicativa. Ante este hecho, podemos bien tomar el camino señalado por Wittgenstein, en la que recomendaba solo el silencio ante la imposibilidad de hablar con verdad sobre estos temas, abriendo paso al solipsismo más absoluto, o, por el contrario, podemos crear y explayarnos en lo insondable de las palabras para, sino señalar, al menos “mostrar” nuestro yo mismo al otro que nos interpela, aun cuando ese “otro” tome la forma del propio yo.

La importancia del buen uso del lenguaje, del dominio que se tenga de él, es vital para este proceso de conocimiento mutuo y auto-conocimiento. El estudio de las obras literarias, sobre todo de las poéticas; de la música, verdadero lenguaje del alma, de la filosofía, de la mística, de la historia, etc,  es de vital importancia para proveernos de las habilidades lingüísticas necesarias para adentrarnos en aquel mundo amplio y vasto de nuestro interior, e ir, poco a poco, codificando y desentrañando sus secretos, sean estos antiguos o nuevos.

Por ello la importancia de los cursos de humanidades y de la buena educación. Sin ella, nuestra conciencia es más limitada y menos rica, y las personalidades menos definidas y fáciles de manipular. Para el surgimiento de individuos, fuertes y plenos, y de personas que amen la libertad en todas sus formas, es necesario que el estado cumpla con brindar la educación que los ciudadanos necesitan para expresarse, conocerse, criticar y demandar.

Sin embargo, todo este proceso genera miedo. El poder teme a los individuos, temen a las personas que se conquistan a sí mismas. Y más en nuestro país. Por ello, en un mundo como en el que vivimos, la educación es sinónimo de poder y  de libertad.

Ser liberal es siempre revolucionario, a pesar de lo que comúnmente se piensa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: