EL SILENCIO DE DIOS

Tempestad
Tempestad

Y los dioses andan perdidos, sedientos y sobrecogidos por el inmenso y tempestuoso mar.

Las oscuras olas, frías de muerte y profundas en angustias, chocan inexorables pedregosas contra la nave.

Conforme el miedo crece y se hace fuego y hielo,

La rabia resignada del dios-mar,

Se deshace al unisono en una eterna y  absurda mordida de labios,

De la que brotan la  sangre,  la vida, y el dolor.

 

Cuando tras el tiempo,

Una ola, furiosa y vengativa,

Por un segundo destruye la zozobrante nave,

Los dioses, con  náusea en  mano,

Se dirigen presurosos hacia  el dios aquel que,

Aislado y luminoso en los profundos laberintos de su mente,

Observa y calla ante la muerte.

 

Aquel dios, de ancha frente,

Ciego a la luz del sol,

Y luminoso en  su oscuro reposo

Nunca  antes molestado  por ningún igual,

No detiene  su reloj a escuchar.

 

Desesperados y violentos,

Le gritan, le exhortan  y amenazan,

Mas  El SILENCIO ,impasible,  los mira cual águila en lontananza,

Y sin ganas de ser molestado, señala indiferente la mar.

 

En ese momento,

Los fuertes vientos vuelan el mástil y las velas,

Y el barco sin timón,

Sobre sí mismo en  vueltas se rebela

Mientras el agua fría como cristales,

Sangran aquellos cuerpos mortales.

 

Estos sintiéndose perdidos,

Con espada en mano,

En la  garganta del pétreo anciano

Posan sus filosas y pesadas vainas,

Y con miradas de muerte esperando respuesta,

Ven que  el anciano, indiferente, levanta la cabeza.

 

Y mientras la noche nubla sus corpóreos ojos,

El de la  luminosa frente , piensa para sí dentro de su mente:

” Aquellos dioses caídos, no saben que mi silencio también es el suyo.

Si hablo y pronuncio palabra, ciertamente moriremos,

Mas si  en medio de la tempestad, de las aguas, del viento y del fuego,

Reposamos en nosotros mismos incólumes y serenos,

Respuesta,  certeza y poder, hallaremos

En el único mundo del que somos reyes, señores y dueños”.

 

“Antes iguales éramos,

Cuando reposábamos en ambrosía en los altos cielos,

mas ahora caídos y perdidos,

diferentes somos  ante  el destino.

Me figuran el silencio de un dios desconocido,

Mas lo cierto es que no hay mas dios que nosotros, los que fuimos una vez  vencidos”.

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