LOGOS Y HEXIS EN EL DESARROLLO DE LA VIRTUD ÉTICA SEGÚN ARISTOTELES

En el presente artículo se analizará la ética Aristotélica a la luz de los conceptos de logos(razón) y Hexis (hábito, costumbre).

La ética Aristotélica se nos presenta como una ética basada en la experiencia y al mismo tiempo en la razón.  Al igual que en el campo del conocimiento el hombre necesita de la experiencia para percibir los objetos y luego, mediante el ejercicio de la razón, captar su esencia o forma para obtener con ello un conocimiento del objeto; en el campo de la ética, la experiencia, a través de la paidedia o la educación, puede hacer a los hombres justos y prudentes, a la par que la razón práctica deslumbra la particularidad de los casos concretos para discernir  la mejor manera de actuar.

Tanto a la razón práctica como a la razón teorética se la debe educar  para que logren actualizar todas sus potencialidades y con ello, alcanzar el verdadero fin del hombre.

Palabras claves

Ética, Hexis, logos, arete, paideia, nous, episteme, hábito, costumbre, eudaimonia, felicidad, razón.

 

Abstract

In this occasion we have analyzed the Aristotelian ethics at the light of the concepts of LOGOS (reason) and HEXIS (habit, custom).

Aristotelian ethics was presented as an ethic based on experience while on reason. As in the field of knowledge man needs experience to perceive objects and then, through the exercise of reason, grasp its essence or form and thus obtain a knowledge of it, in the field of ethics experience through paidedia and education can make a fair and prudent men, at the same glaring reason the particular individual cases to discern what is the best course of action. In that sense both practical reason and theoretical reason as it should be educating in order to update all of its potential.

Key Words

Logos, Hexis, Paideia, habit, custom, logos, reason, ethic.

 Logos y Arete

Para entender en qué consiste la virtud para Aristóteles, en primer lugar, debemos definir la palabra griega Arete (virtud). Siguiendo a William k. Guthiere[i], la palabra arete en la antigua Grecia, no se aplicaba solo para resaltar las cualidades morales de una persona, como aplicamos la palabra virtud hoy en día, sino que  tenía una connotación mucho más amplia. Se puede hablar del arete del jinete, del político, del general, del soldado, etc. Toda persona con una función en la sociedad puede cumplir bien o mal su función, hacerlo con excelencia o sin ella.

 En ese sentido, como hace notar Guthiere, la palabra arete está íntimamente relacionada con la palabra ergon (función). Cualquier persona que  cumple bien su función (Ergon) la realizará virtuosamente, en otras palabras, con arete. Es así que William Guthiere define Arete como “eficacia”. Para este trabajo, entenderemos también  Arete como excelencia y realización, ya que una cosa es hacer algo con eficacia y otra  cosa hacerlo con excelencia. Por ejemplo, un músico puede tocar el violín con eficacia, pero también puede tocar dicho instrumento con excelencia y mediante este acto realizarse como músico.

Para Aristóteles, así  como todo tiene un ergon o una función, y potencialidades que realizar,  el hombre en sí mismo, como  hombre, tiene también una función por naturaleza y potencialidades que actualizar. En ese sentido, la virtud o arete del hombre consistirá en la realización de su ergon de manera excelente.

 Para encontrar el ergon y el arete del hombre es necesario para Aristóteles definir qué es el hombre y cuál es la característica ontológica propia de este.

Con ese fin, Aristóteles pasa a analizar las diferentes facultades humanas para encontrar lo propiamente humano, lo que le hace ser el ser que es y lo distingue de los demás seres. En primer lugar, Aristóteles  analiza la facultad vegetativa en el hombre y se pregunta si esta le es propia. La facultad vegetativa, la encargada de la nutrición y la reproducción se encuentran en todos los seres vivos y no es privativa del hombre. Las plantas y los animales tienen esta facultad. Entonces  esta no define al hombre. En segundo lugar, Aristóteles pasa a analizar la facultad sensitiva humana, la encargada de la volición y el movimiento autogenerado, y da cuenta de que esta tampoco es propia del hombre, ya que el hombre comparte esta facultad también con los animales. En tercero y último lugar, Aristóteles analiza la facultad racional y da cuenta de que esta facultad sí es propia del hombre y que ningún otro ser de la naturaleza la posee: el hombre no comparte esta facultad ni con las plantas ni con los animales. Entonces afirma que es esta facultad y no otra lo que caracteriza al hombre y lo define, y es su despliegue y desarrollo lo que el hombre debe buscar.

 Entonces para Aristóteles, la excelencia o arete del hombre consistirá en el ejercicio pleno y excelente de la razón que habita en él.

 Ahora que se ha identificado al logos como la facultad propia del hombre es necesario  describirla.

La facultad racional está dividida en dos partes: una parte epistémica, propia de las virtudes dianoéticas o intelectuales, y una parte deliberativa, propia de la tekne (arte) y la fronesis (virtud moral).  Por ello, Aristóteles afirma que “la virtud se manifiesta bajo un doble aspecto: uno intelectual, otro moral…” [ii]

De ambas partes, Aristóteles privilegia la razón epistémica, debido a que sus objetos de estudio son los más elevados gracias a su inmutabilidad y necesidad. Ejemplos de ellos son las ciencias matemáticas, la teología o ciencia  de la divinidad,  las formas esenciales, las leyes de la naturaleza etc. En el estudio de estos objetos el logos del hombre se “asemeja” por unos instantes al del motor inmóvil, pensamiento que se contempla a sí mismo, tanto por la cualidad del pensamiento como por el ejercicio solitario que conlleva este tipo de actividades[iii].

 Es por ello que Aristóteles considera el logos que se ocupa de las virtudes intelectuales como divino, y muchas veces está tentado a darle un carácter inmortal a esta parte del alma.

Por otro lado, las virtudes morales se realizan siempre en sociedad por definición y necesitan de la vida en comunidad para llevarlas a cabo, desarrollarlas y potencializarlas. La capacidad del hombre de desarrollar estas virtudes morales se encuentran potencialmente en su naturaleza, pero solo el contacto social y una buena educación las actualiza y desarrolla.

Así vemos que para Aristóteles, el hombre que desarrolla y cultiva la facultad racional en  ambas vertientes, es un hombre que cumple la función que la naturaleza le ha otorgado. En su buen uso está la Arete humana. En ese sentido el hombre está llamado a ejercer y desarrollar su razón. Este mandato no es divino, ni es el llamado de ningún dios, si no que se deduce del modo natural de ser de las cosas.  La razón humana, reflejo de la racionalidad que presenta la propia naturaleza, llama por sí misma a su desarrollo.

 Eudaimonía

De lo dicho, se deduce que para Aristóteles una vida virtuosa será aquella vida conforme a la razón. Y como hemos visto, el hombre  que se deja guiar por su razón cumple la función que la propia naturaleza le ha proporcionado, por lo que  solo de esta forma el hombre es capaz  de lograr alcanzar la eudaimonia o la felicidad. En este sentido, la felicidad consistirá en el desarrollo y despliegue de la razón.

 Sin embargo, no todos comparten esta lógica, ya que no todos los hombres están de acuerdo respecto a cuál es la función del hombre, su naturaleza y su fin.

Para para muchos, a diferencia de lo que propone Aristóteles,  el hombre es un animal que ante todo busca el placer y huye del dolor, y  es natural una vida dedicada a satisfacer sus sentidos. Otros apuestan por una vida de riqueza y de honores, justificando cualquier medio para lograr estos, como si  fuesen fines en sí mismos.

Pero para Aristóteles,  las personas que depositan su esperanza en los bienes materiales o en los honores, el poder o el prestigio depositan sus esperanzas en objetos volubles per se, inestables y pasajeros. Ello porque para Aristóteles, como hemos visto, el hombre debe ante todo seguir su propia naturaleza, que no se debe a la satisfacción de los sentidos, ni a los honores ni al prestigio sino el despliegue y desarrollo de la facultad racional.

Es por ello de alcanzar un bien tan preciado como lo es la felicidad debe de depositarse en el uso y desarrollo de la razón, un bien que es estable, que no cambia ni muta.

Es así, que Aristóteles afirma que es en la  propia alma, más específicamente, en su parte racional, donde el hombre debe depositar todas sus energías y esperanzas para la consecución del fin supremo (la felicidad).  Es solo en el ejercicio de la razón que el hombre se dignifica a sí mismo, escapa de la tiranía de las pasiones, logra cumplir a cabalidad los mandatos de su naturaleza y alcanza el fin supremo: la felicidad.

Las virtudes éticas y la Libertad

Para Aristóteles la virtud y su desarrollo está íntimamente relacionado con la libertad. El actuar de acuerdo a la virtud presupone que nuestras acciones sean libres, no coaccionadas por poder extraño alguno. Para entender en qué consiste actuar moralmente es necesario entonces entender como Aristóteles concibe la libertad.

Es importante resaltar que Aristóteles no comparte la visión pesimista de los autores trágicos griegos (ni de Homero), para quienes la vida de los hombres está determinada desde el nacimiento hasta la muerte por las moiras o el destino, de quien ni los dioses pueden escapar. Recordemos  por ejemplo, el mito de Edipo Rey, quien huye de su hogar para no realizar lo que el oráculo le profetizo, (que mataría a su padre y se casaría con su madre), y que al final hace precisamente lo que quería evitar. Estas ideas deterministas están presentes en la mayor parte de las tragedias griegas y se veía este determinismo como parte de la propia condición humana. Aristóteles niega esta aparente condición humana y está en contra de los poetas, quienes como decía Platón, mienten siempre. A diferencia de los trágicos,  Aristóteles creía que el hombre es responsable de sus acciones. Esto lo lleva a estar en contra de ciertas creencias populares de su tiempo que limitaban la libertad humana, como la creencia en daimones o demonios que se creía llevaban a los hombres a actuar de manera irracional a tal punto de que los hombres no se reconocían en sus acciones. Se pensaba, por ejemplo, que los hombres estaban sujetos en determinadas ocasiones a seres con poder superior y que estos influenciaban en su comportamiento. Esto llevaba a que las personas no se reconocieran en sus propias acciones, como en los momentos en que la persona se siente fuera de sí producto de un ataque de ira, y bajo ese estado comete actos de los que luego se arrepiente, alegando para justificarse, que no era él en ese momento, que un espíritu lo había poseído[iv]

En contraposición a esta visión determinista y popular de la condición humana, Aristóteles, tiene una concepción mucho más optimista, ya que la felicidad o infelicidad en la vida depende en gran medida del propio hombre. Si bien es  cierto que los azares de la vida pueden llevar al hombre de desgracia en desgracia como a Príamo[v], el hombre virtuoso no por ello será infeliz, porque su felicidad no está en los objetos materiales, ni en las riquezas, todas ellas volubles y pasajeras perse, si no en el cultivo del alma y la razón. Es así que para Aristóteles una vez que la virtud, tanto moral como intelectual, se ha internalizado y ha venido a formar parte de la manera en que la persona es, esta es más estable que los vaivenes de la vida. Al respecto Aristóteles afirma que “en modo alguno debe seguirse las vicisitudes de la fortuna, porque no estriba en ellas el bien o el mal, aunque la vida humana necesite de ellas, como dijimos; las que determina la felicidad son las actividades de acuerdo a la virtud y las contrarias, lo contrario” (EN 1100b)[v]

 Para Aristóteles el hombre es responsable de sus propias acciones morales ya que no está limitado por destino ni poder alguno. Ello se debe a que las acciones morales se caracterizan por ser contingentes, no necesarias como bien señala Guariglia. A diferencia de las ciencias teoréticas como la matemática, la física o la metafísica, cuya característica principal es el estudio de objetos eternos y necesarios, el estudio de las acciones humanas necesita de otra disciplina que tome en cuenta su contingencia.[vii] Es un problema saber si Aristóteles postula el libre albedrío o no como nosotros lo entendemos hoy en día. Lo cierto es que para Aristóteles las acciones voluntarias humanas son contingentes, no determinables por ley alguna, ya que los acontecimientos que se le van presentando a los seres humanos son únicos e irrepetibles. Este hecho le exige al hombre tomar en cuenta esta absoluta contingencia y saber deliberar correctamente en cada caso en específico la mejor manera de actuar. Este ejercicio de la razón práctica en casos concretos permite al hombre actuar libre y correctamente y no dejarse dominar por las pasiones e inclinaciones que enturbian el entendimiento y la voluntad, sino seguir a la razón que busca siempre el justo medio entre los excesos. Aprender a lograr esto necesita de práctica y de una buena educación que ayude a afinar esta facultad. Para actuar moralmente no es necesario seguir ninguna ley ni axioma. No existen normas estables que aplicar en todos los casos. Es necesario desarrollar una sabiduría práctica que solo unos buenos hábitos y costumbres pueden brindar.        

 Alcanzar una vida virtuosa, no es, sin embargo, un fin en sí mismo. El fin de una vida virtuosa es alcanzar la felicidad. El “motor inmóvil” que sirve de causa final y eficiente de todas las acciones humanas es la felicidad o eudaimonia. Para Aristóteles la felicidad no es un momento de placer o bienestar, sino que es un estado del alma alcanzado por el estilo de vida que se ha elegido. Por ello la frase de Aristóteles, que ya era un dicho popular en su tiempo, “una golondrina no hace verano”.  Para que el hombre alcance la felicidad debe vivir una vida virtuosa ya que tal es el único camino para llegar a ella. El hombre es libre de elegir o no el camino correcto, en ese sentido la felicidad o infelicidad en la vida no depende del destino ni de las moiras, ni mucho menos del azar. Si el hombre elige para sí un estilo de vida que tenga como fin el cultivo del alma y de la razón el hombre será como una roca firme al que los azares del tiempo no mellarán.

 Ethos, Hexis,Paideia

La palabra etiké se deriva de la palabra ethos, cuyo significado principal es costumbre, uso, también posee la acepción de domicilio, habitación ordinaria[viii]. Por ello, si la virtud moral, como ya se ha dicho más arriba, se desarrolla en comunidad, podríamos decir que la ética es el estudio que tiene como fin encontrar la mejor manera de vivir en comunidad, con el fin de vivir realmente como a uno le gustaría vivir en su casa: seguro, en armonía y con justicia. En este sentido la ética está íntimamente relacionada con la política. La política no es solo el estudio de las diferentes formas de gobierno, sino también el estudio de la mejor manera de llevar los intereses del Estado con vistas a formar buenos ciudadanos, darles a estos seguridad y justicia.

Es por ello la importancia de la Hexis o el hábito en el contexto de la ética y la política ya que juega un papel crucial a la hora de internalizar la virtud a través de la educación, con el fin que este forme a tomar parte del estilo de vida de las personas.

 Para Aristóteles, a diferencia de Platón, el hombre no es justo conociendo lo que es la justicia, sino  que solo practicando la justicia es como el hombre se vuelve justo. Por ello, la ética no es el estudio de entes abstractos que existan en un mundo suprasensible como una supuesta idea de la justicia, del bien, de la solidaridad, etc., sino más bien la ética es la disciplina que busca hacer de las personas ciudadanos virtuosos, justos, prudentes, solidarios etc. Por ello,hexis y paideia, van de la mano, ya que la paideia o la educación tiene como fin lograr que los individuos  adquieran buenos hábitos  y costumbres de acuerdo a la virtud. Al respecto Aristóteles afirma que “…ninguna de las virtudes éticas se produce en nosotros por naturaleza, puesto que ninguna cosa que existe por naturaleza se modifica por costumbre”[ix]

Aristóteles ve entonces que  la educación o paideia  es  clave para que los ciudadanos de lapolis logren internalizar correctamente la virtud a través del hábito o la costumbre. Para afirmar esto, Aristóteles parte de una concepción intuitiva de por sí. El hombre busca el placer y huye del dolor. Para actuar conforme a la virtud, al hombre debe por tanto agradarle actuar conforme a la virtud. En este sentido, para Aristóteles, la virtud consiste en sentir placer y dolor con ocasión de los objetos adecuados y en los momentos adecuados.

 Aristóteles es consciente que el hombre tiende a encontrar lo placentero en los sentidos, y ello es la causa de que los hombres se vuelvan esclavos de sus pasiones. Para hacer de los hombres personas virtuosas se les debe por tanto educar para que sientan placer en el cultivo del alma y sus virtudes. El hombre virtuoso es por tanto aquel que encuentra placer en actuar conforme a la virtud y ello se logra a través de la paideia, que busca lograr hábitos (hexis) correctos en las personas.[x] A todo lo dicho, Aristóteles afirma que “Las virtudes no se producen ni por naturaleza ni contra la naturaleza, si no por tener aptitud para recibirlas y perfeccionarlas mediante la costumbre”[xi] El hombre posee la facultad de desarrollar las virtudes, digamos que esta se encuentra en potencia en su naturaleza, pero es la costumbre la que la vuelve en acto.

Asimismo, no se aprende a actuar con justicia como se aprenden las matemáticas o la metafísica: no demanda intuición intelectual ni demostración alguna, demanda una sabiduría práctica en el ejercicio de la parte deliberativa de la razón. Las acciones guiadas por el logosson virtuosas ya que son resultado de una deliberación racional que toma en cuenta la especificidad del caso concreto. Como señala Ross, la deliberación es siempre de los medios no de los fines. Por ejemplo, no deliberamos sobre si queremos ser felices o no, este deseo ya es parte de nosotros, deliberamos sobre los medios para alcanzar la felicidad, deliberamos sobre si debemos seguir nuestros impulsos y pasiones más bajas o si debemos elegir actuar de acuerdo a la prudencia y el justo medio.

En un plano metafísico, podemos ver lo expuesto desde el concepto de energia  que se traduce generalmente por “actualidad” en las obras de Aristóteles. Este concepto  tiene también la acepción de “realización”. Ello se toma en el contexto en que Aristóteles afirma que el ente en acto alcanza  la perfección, se realiza como tal ente; a diferencia del ente  que se encuentra en potencia que aun esta por realizarse. Por ello el concepto energia está íntimamente relacionado con el concepto telos. El telos, la causa final de todo ente es alcanzar la perfección. Actualizar todas sus potencialidades. En tal modo la vida del hombre consiste en la actualización de todas sus potencialidades humanas a través de la educación y la vida en sociedad. Es necesario para el hombre el cultivo de las ciencias y la filosofía, ya que como hemos dicho, el hombre es ante todo un animal racional, destinado a la vida teórica y a la vida virtuosa si lo que busca es su completa realización. El papel de la educación en ese sentido no puede menospreciarse ni verse de manera secundaria: es la capacidad de ser educados en el cultivo de la razón lo que nos separa de las bestias.

 Es interesante ver en este contexto el papel que juega el filósofo como figura de ejemplo y síntesis.  El filósofo es aquel que no sólo ha logrado comprender mediante su razón la estructura del universo, sino también el que ha comprendido la dinámica propia de la virtud moral humana. Por ello el filósofo es la  figura de síntesis y  modelo al que todo hombre debe aspirar. El por qué esto es así lo veremos más adelante.

Hexis y las virtudes dianoéticas

El papel que juega los hábitos y las costumbres no se reduce a las virtudes morales, sino que también son importantes para el desarrollo de las virtudes dianoéticas o intelectuales.

Con el fin de apreciar la función que cumple los hábitos y las costumbres en la adquisición de las virtudes intelectuales haremos una pequeña introducción a la teoría Aristotélica del conocimiento. Hay en Aristóteles una jerarquía en las formas que tiene el hombre de conocer: la sensación, la memoria (que se da con ocasión de la sensación), la experiencia (que se obtiene gracias a la capacidad que tenemos de recordar), el arte o la tekne (que es una especie de conocimiento muy débil de las causas de determinados hechos y que necesita de la experiencia para realizarse) y finalmente la Sofía o la sabiduría, ciencia de los primeros principios y causas. Cada forma de conocimiento no puede darse sin la otra.[xii]

Para Aristóteles la razón teorética, es capaz  de dos formas de conocimiento: una que se da con ocasión de intuir intelectualmente los primeros principios a través del nous y otra que se encarga de realizar deducciones demostrativas a través de la episteme.

El nous, es la parte de la razón teorética encargada de intuir los primeros principios y las primeras causas. Los principios lógicos como el de “no contradicción” o el principio de “identidad” son intuidos en toda su evidencia por el nous. Existe una discusión entre los especialistas sobre cómo se da esta intuición intelectual. Para Givanni Reale, los primeros principios se alcanzan por intuición intelectual, sin ayuda de otra actividad como la inducción oepagoge, en los axiomas o principios de las diferentes ciencias en particular acepta el papel de la inducción y la intuición en ellas[xiii]. En cambio William Guthiere[xiv]da un papel privilegiado a la inducción para la obtención de los primeros principios, apenas refiriéndose al papel que jugaría el nous, mientras que Ross afirma que los primeros principios se obtienen por epagogue e intuición intelectual a un tiempo: a través y en  el proceso de epagogue intuimos lo universal. Lo cierto es que hay citas en Aristóteles  que avalan una u otra posición, pero la que defiende Ross nos parece más acertada, por ser más explicativa a la luz de la filosofía Aristotélica y de la influencia que necesariamente debió haber heredado de Platón.

Los axiomas lógicos, matemáticos, y en general, de toda ciencia, son indemostrables por definición, no tienen causa alguna, sino son causas de todo lo demás y sin ellas el mundo sería ininteligible. Son presupuestos de toda demostración posible: son como el trasfondo a partir del cual todo encuentra orden y causa. Un ejemplo de ello lo podríamos encontrar en los principios lógicos: estos principios no tienen causa alguna, no  son obra de la voluntad de ningún dios, simplemente es la forma en que la naturaleza se manifiesta y no tendría otra forma de manifestarse ya que de lo contrario daría cabida a lo irracional en ella, y eso por definición es imposible. La naturaleza es ella misma racional, y el hombre participa de ese cosmos ordenado al cual puede comprender al mismo tiempo que asombrarse.

Por otro lado, a través de la episteme,  obtenemos  conocimientos eternos, necesarios e inmutables de la propia naturaleza. La episteme no se ocupa de los primeros principios ni de los axiomas, sino del mundo que se nos muestra en la propia experiencia. Se pretende que a través de la demostración conozcamos las leyes de la naturaleza en sus causas.

Para hacer inteligible esta parte de la gnoseología de Aristóteles es necesario primero comprender qué entiende Aristóteles por lo verdadero. Para Aristóteles, lo que llamamos verdadero y falso se aplica a las proposiciones, no a ciertos entes, como sí lo hace Platón. Para Platón el mundo inteligible de  las ideas, que son entes, realidades en todo el sentido de la palabra, forma  y causa de todo ente, son ellas mismas verdaderas, bellas y buenas. En cambio para Aristóteles,  que afirma que solo existe un solo mundo en donde encontramos entes que están compuestos de materia y forma, los entes no son verdaderos o falsos: Estos simplemente son: Lo que describimos como verdadero o falso son proposiciones. Las proposiciones pueden describir ciertos hechos del mundo y pueden concordar con este o no. Es así que la lógica es importante porque esta cuida que las proposiciones que aspiran describir la realidad, tengan cierto sentido y sean enunciadas correctamente. Esto es importante porque la episteme o ciencia para Aristóteles, es discursiva y tiene a la lógica como método e instrumento para desarrollarse y plasmar sus hallazgos a través de silogismos.

 La episteme tiene como fin la formulación de enunciados  y juicios verdaderos. La lógica como instrumento de la ciencia, buscará trazar las pautas para la obtención de juicios verdaderos que tengan un grado de correspondencia con la realidad. Si entendemos a la ciencia como el método mediante el cual adquirimos conocimiento del mundo y entendemos a este método como discursivo, podemos afirmar que la ciencia o episteme es el conjunto de todos los silogismos demostrativos que concuerde con la realidad.

Una vez que hemos definido esquemáticamente las facultades racionales que entran en juego en la ciencia Aristotélica, podemos afirmar que a semejanza de las virtudes éticas, las virtudes intelectuales también necesitan de la educación para desarrollarse y potencializarse. Es de esperar que gracias a un ejercicio intelectual continuo, el hombre pueda adiestrar su razón para que acreciente su alcance y potencia. En ese sentido las virtudes intelectuales están sujetas también a la educación. Se aprende a tener gusto por su desarrollo y ejercicio. Por ejemplo practicando y ejercitando nuestras facultades intelectuales como el nous o la visión intelectual, practicando  para hacer mejores silogismos, entrenando nuestra memoria, y afinando nuestras sensaciones nos hacemos más inteligentes y capaces. No es suficiente tener la capacidad para el razonamiento y el pensamiento. Se necesita de buenos hábitos y costumbres para alcanzar a desarrollar las virtudes dianoéticas, aunque la naturaleza de los resultados sea de naturaleza distinta a los alcanzados por las virtudes éticas. Al respecto, Aristóteles afirma que la virtud…” dianoética se origina y crece principalmente por la enseñanza, y por ello requiere experiencia y tiempo; la ética en cambio procede de la costumbre…” [xv]. En ese sentido es necesaria una buena educación para desarrollar nuestras capacidades intelectuales. Esto en importante en el contexto en que Aristóteles escribía su tratado, ya que los platónicos postulaban que los hombres podían tener conocimientos de manera innata, como se muestra en el diálogo el Menón, donde un esclavo, que nunca recibió ninguna educación de ningún tipo, podía por sí mismo alcanzar conocimientos de geometría solo utilizando su razón. Aristóteles diría que ese esclavo tiene la capacidad innata para desarrollar este tipo de conocimientos como cualquier otro hombre, pero que no podría hacer ese ejercicio si previamente no se le hubiese enseñado a utilizar esas capacidades.

La paidedia y el papel del filósofo

En la ética nicomaquea, en los libros VIII y IX se afirma que el hombre es  un ser social que necesita de la amistad, ya que esta es “lo más necesario para la vida”.[xvi] Esta afirmación parece contraria a la que se hace en el libro X de la ética, en la que afirma Aristóteles que una vida dedicada a la filosofía es la más elevada y la más querida. La discordancia entre ambas afirmaciones se debe a que la vida dedicada a la filosofía y al pensamiento es una vida que aspira a la soledad y la reflexión. La contemplación de la verdad es una actividad que se hace siempre en solitario, y que necesita de un espacio independiente del trato con otros hombres. Cuando el filósofo,  contempla las verdades eternas de la naturaleza, se asemeja a Dios mismo, que es pensamiento que se piensa a sí mismo.  En ese sentido, se cuestiona si una vida dedicada a la filosofía necesita de la vida virtuosa para desarrollarse y potencializarse, o si el filósofo necesita del trato con los demás hombres y por ello de la virtud moral.

Nosotros en este trabajo hemos postulado que la figura del filósofo para Aristóteles necesita del desarrollo de las virtudes éticas en tanto para filosofar es necesario el dominio de las pasiones desordenadas y la quietud del alma que solo una vida virtuosa puede dar. Una persona que sea dominada por sus pasiones, y que  no haya ejercitado su razón práctica en el ejercicio de la virtud no estará en las condiciones emocionales y anímicas necesarias para alcanzar a vislumbrar las verdades de la naturaleza. Podemos apreciar en Aristóteles  rezagos  platónicos en su visión del hombre que hace del filósofo una figura de síntesis, en que las virtudes éticas y dianoéticas tienen lugar en su completo y máximo desarrollo.

 

Bibliografía

  • William K. Guthiere, Los filósofos griegos, Fondo de cultura económica, 2005
  • Dodds, E,R. “Los griegos y lo irracional”, Alianza Editorial, Madrid, 1981.
  • Aristóteles, Ética Nicómaco, Centro de estudios constitucionales, 2002, traducción de María Araujo y Julián Marías.
  • Guariglia, Osvaldo Norbert, La ética en Aristóteles o la moral de la virtud, cap. Edudeba 1997.
  • Balagué, Diccionario griego-español, Editorial bibliográfica española, 1968.
  • Camps Victoria, “Historia de la ética” tomo I, Editorial crítica, Barcelona, 1999-2000.
  • Givanni Reale, Introducción a Aristóteles, editorial Herder, Barcelona.
  • William Guthiere, Historia de la filosofía griega, editorial Gredos, Madrid, 1991.
  • Ross, Aristóteles, editorial sudamericana, 1957

Notas a pie de pagina

[i]Véase William K. Guthiere, Los filósofos griegos, cap.1, Fondo de cultura económica, 2005.

[ii] Véase Ética Nicomaquea, libro II, cap. 1, pág., 1187 Aguilar, Madrid, 1964.

[iii] Véase Guariglia, Osvaldo Norbert, La ética en Aristóteles o la moral de la virtud, cap. 1, Edudeba 1997

[iv] Véase Dodds, E,R. “ Los griegos y lo irracional”, Alianza Editorial, Madrid, 1981

[v]Véase Aristóteles, ética nicomaquea, editorial Aguilar.

[vi] Ética Nicómaco, Centro de estudios constitucionales, 2002, traducción de María Araujo y Julián Marías

[vii] Véase Guariglia, Osvaldo Norbert, La ética en Aristóteles o la moral de la virtud, cap. 1, Edudeba 1997.

[viii] Véase, Balagué, Diccionario griego-español, Editorial bibliográfica española, 1968.

[ix] Véase Aristóteles, Ética Nicomaquea, libro II, cap. 1, pág. 158, editorial Gredos, Madrid, 1885.

[x] Véase Camps Victoria, “Historia de la ética” tomo I, Editorial crítica, Barcelona, 1999-2000.

[xi] Véase Ética Nicómaco, 1103 a, centro de estudios constitucionales, 2002., traducción de María Araujo y Julián Marías.

[xii] Véase  Aristóteles, ética Nicomaquea, libro VI,  editorial Gredos,  Madrid 1985

[xiii] Véase Givanni Reale, Introducción a Aristóteles, cap. VIII, editorial Herder, Barcelona.

[xiv] Véase William Guthiere, Historia de la filosofía griega,  vol. VI, cap. VIII,IX, X, editorial Gredos, Madrid, 1991

[xv]Véase ética Nicomaquea, libro II, cap. 1 , editorial Gredos, pág, 158, Madrid, 1985

[xvi] Véase ética Nicomaquea, libro VIII, editorial Gredos, pág.324, Madrid.

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