MANUSCRITOS DEL ABISMO PRIMORDIAL II

El tiempo, abre y cierra abismos tras sus pasos.

El Futuro es el abismo del tiempo, cuasi-infinito, que se cierra desde la “eternidad”, y que, de forma aparente, termina su cierre en el Presente. El Presente es la ilusión del cierre del abismo Futuro, imagen y quimera de una hipotética eternidad. (Platón, Timeo). El pasado, es el abrirse del abismo tras el “cierre futuro”, que, inexorable y vasto se va hundiendo en el Ocaso.

La idea contemporánea sobre el tiempo, como la que refiere Heidegger y la corriente fenomenológica, según el cual el hombre no es un objeto en el tiempo, como una piedra arrastrada por la fuerza de un rio, sino que más bien es el hombre el río, contradice la experiencia más propia del hombre: Su lucha a muerte contra EL TIEMPO. En su lucha contra el tiempo, de su impulso vital para vencerlo, el hombre ha dado a conocer, gracias a su imaginación y su cultura, sus más grandes y hermosas creaciones: las obras clásicas inmortales, las diferentes manifestaciones espirituales, el misticismo, la música, los ritos, la poesía, el sacrificio religioso, los grandes imperios milenarios, con sus logros y fracasos, la tradición…etc.

El tiempo como veremos, tiene una estructura dinámica, que tiene como eje un abismo, su abismo. En las tierras del tiempo, su abismo, separa las tierras del pasado y del futuro. Las tierras del pasado y del futuro serian una sola sin aquel abismo. Aquel abismo hace posible la experiencia del tiempo. De hecho, lo constituye. Este abismo, no es estático. Se desplaza.  Aquel abismo es, el Quiebre del tiempo. En aquel Quiebre habita el hombre. El hombre no es él el tiempo, sino su Quiebre.

Aquel abismo, es oscuro en su profundidad. Pero en su superficie es iluminado por las luces provenientes del pasado y del futuro. Más en su profundidad, ninguna luz lo alumbra o lo toca. Solo hay oscuridad.

 Es en el Ocaso, con sus últimos rayos de luz, en donde el Quiebre, por generaciones, ha buscado encontrar las respuestas. Ello tiene su explicación.

Las tierras del pasado, sobre todo las próximas al cierre del abismo futuro (El presente) son iluminadas en su superficie, tanto por la luz de amanecer futuro como por los débiles fulgores de aquel Sol del Ocaso pasado.  Los rayos del futuro son los más voluminosos en las tierras cercanas al cierre, pero su luminosidad es intuida de una naturaleza más opaca que la proveniente del fondo del ocaso. El sol futuro es más cercano al cierre, sus tierras son más angostas y claras. El sol pasado está en cambio alejado del cierre, muy lejos. Sin embargo, se le ve, pequeño por su lejanía, hermoso, majestuoso, y luminoso. Las tierras del pasado, cercanas al cierre, son apenas iluminadas por su sol, pero se ve que su luz es mucha más pura.

Si el tiempo se midiera en luz, como aquello que ilumina todo el horizonte vital, el pasado, por su naturaleza, estaría más cargado de luminosidad y consistencia ontológica que las luces provenientes de un sol futuro casi moribundo. Las tierras cercanas al cierre del pasado son más oscuras que las cercanas tierras del cierre futuro, pero en su ocaso se descubre un sol mucho más potente. Y en su lejanía, tierras de una luminosidad y color majestuosos se deslumbran e intuyen. El futuro es luminoso, pero  en él se respira vacuidad. El pasado es lejano, pero se va hundiendo, en lo profundo, luminosamente en el misterio.

 

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