RORTY, LA CONDICIÓN HUMANA Y LOS DERECHOS HUMANOS

Introducción:

 

noche estrellada

La noche estrellada de van Gogh expresa muy claramente  la dinámica propia del tiempo. En aquél cuadro, el cielo se nos muestra en movimiento. El movimiento es la principal, más no la única, expresión del tiempo.

Si percibimos el cielo tal cual este se nos es mostrado por Van Gogh, nos sentimos inmersos en una vorágine temporal ante la cual nada puede escapar. Esto porque el devenir de los cielos que observamos es parte y fuente del devenir de un todo continuo que abarca al universo entero, en el que el tiempo es su único sentido, ya que todo está impregnado de él.

Ante tamaño poder y majestad, el hombre que observa el cuadro y lo comprende, no puede más que sentirse insignificante, asombrado y también porque no, bastante aterrado.

En el cuadro de Van Gogh, que nos sirve de introducción a la presente exposición, las estrellas, que por mucho tiempo se las creyó fijas, eternas y por ello, en cierta manera, atemporales, hechas de éter, una sustancia material inmune al paso del tiempo, Van Gogh en cambio las entiende y pinta en movimiento, en el marco de un universo en constante flujo.

En ese sentido para Van Gogh, todo fluye o mejor dicho la naturaleza es el mismo fluir sin fin hacia su acabamiento, y esto lo podemos ver en el siguiente cuadro, en que vemos flores vivas y muertas buscando desesperadamente la luz, ya que ella es la fuente de su vida y su ausencia significa su muerte. Las flores vivas comparten el mismo espacio tiempo que las flores muertas, luchando vanamente cada una por la luz, con el fin de no seguir a sus compañeras muertas por el camino que les traza el tiempo.

12 girasoles, Van Gogh

La condición de aquellas plantas se asemeja mucho a la humana, sabemos nuestro final y somos consumidos por el paso del tiempo aferrándonos muchas veces de forma desesperada a aquello que alargue un poco más nuestra existencia ¿qué actitud podemos tomar ante ello, que actitud podemos tomar ante el tiempo y la muerte?

Es sobre estas actitudes ante todo lo temporal, de lo que hablaremos el día de hoy. Estas actitudes respecto al tiempo son la fuente de las características más saltantes de toda cultura e influye fundamentalmente en cómo entendemos y vivimos nuestros sentimientos,  nuestras emociones y acciones.

Es en ese marco en que buscaremos entender qué significa hoy los derechos humanos para nosotros como producto representativo de nuestra cultura global y para hacerlo, dialogaremos con una posición de los derechos humanos que refleja la actitud existencial mas representativa de nuestra época ante el tiempo. Nosotros no compartimos dicha actitud y por ello propondremos en contraparte una posición que, si bien difiere de la tendencia general de nuestra época, consideró que es el  espíritu de los tiempos por venir.

La posicion de Richard Rorty sobre los derechos humanos

La posición de RORTY sobre los derechos humanos va de la mano  con su concepción del lenguaje,  y su relacion con la verdad y la naturaleza.

Con sabemos, para Rorty, la verdad no puede reflejar como un espejo la naturaleza, ya que en cierta forma estamos atrapados existencialmente en un mundo creado por nuestro lenguaje, que no toca en modo alguno el mundo. En ese sentido, el lenguaje forma el todo vital en el qué nos movemos y vivimos.  Es así que para Rorty, la función del lenguaje no es describir la realidad, sino servir de espacio para que se despliegue la vida en sus múltiples manifestaciones.  Por ello, la verdad como adecuación no es posible para RORTY, ya que la naturaleza misma del lenguaje no lo permite. La función del lenguaje es servir de ocasión para propiciar la acción en el marco de la vida.

Concorde con lo expuesto, para Rorty existen múltiples juegos de lenguaje que son  fuente de los diferentes espacios vitales y culturales. Entonces,  valores morales propios de nuestra cultura, como podrían serlo los derechos humanos, no se  podrían basar en verdades eternas e inmutables y  no pueden, por tanto, ser enseñados como si lo fueran. La única forma entonces de expandir una cultura de derechos humanos por el mundo para Rorty, no es a través de una educación  que tenga como base la cognición o la razón, sino, a través de una educación basada en buenos sentimientos. Educando a las personas para que  sientan compasión y empatía hacia el otro que sufre es la única forma de lograr personas compasivas y justas. No se logra esto enseñando a las personas qué es la justicia y qué es la compasión. En ese sentido, Rorty es bastante Aristotélico. Sin embargo, sabemos por la historia que una educación basada en sentimientos es inestable y bastante voluble. Los buenos sentimientos a veces no son suficientes para lograr que las personas hagan lo correcto, al mismo tiempo que los sentimientos son fáciles de manipular. La  historia ha tenido ejemplos catastróficos de una educación basado en sentimientos, como se dio por ejemplo en la Alemania Nazi, que con ayuda de una eficaz maquinaria de propaganda, se exacerbaron los diferentes odios de la población alemana, creando con ello el escenario para la guerra y el holocausto, y todo eso en el lapso solo de 12 años, echando por tierra siglos de refinamiento cultural y moral.

Una educacion basada en sentimientos, y una filosofía  de la verdad basada en el lenguaje y no en hechos supone un estado de cosas cambiante y amorfo, sin ningún tipo de regularidad ocasionando con ello que sus propios postulados se anulen así mismos: en otras palabras una postura como esta sucumbe no sólo a los juegos del lenguaje sino también al gran juego del tiempo, que en  ultima instancia es la fuente de su falta de forma y consistencia..

En ese sentido, para un desarrollo a largo plazo de los derechos humanos,  sus fundamentos deben ser lo bastante fuertes para resistir los embates del tiempo, la cultura, y los intereses particulares que atenten contra estos derechos.

Por ello, para que se de una cultura real de los derechos humanos en nuestras sociedades posmodernas, no es suficiente como refiere Rorty apostar por una concepción pragmática-conductual-educacional de los derechos humanos, sino encontrar la forma, a través del quehacer filosófico y la ciencia teórica, de encontrar fundamentos que hagan evidentes la consistencia cognitiva y ontológica de estos derechos.

Para ello, no debemos ser pesimistas respecto a la capacidad humana para conocer el mundo y conocer lo que es el  hombre, si no debemos apostar por encontrar cada vez mejores discursos y mejores formas de ver la realidad que aspiren a ser reflejo de una realidad física, social, humana, psicológica, existencial, etc., como ideal regulativo de toda investigación que pretenda aportar algo a la humanidad. Este ideal regulativo de toda investigación, debe ser universal, y sus productos, sin bien son siempre perfectibles, se asientan no solo en el modo de ser de las cosas, sino también en una mirada des- prejuiciosa de la lógica.

Condición humana

En este contexto, me gustaría compartir una posible fundamentación de los derechos humanos que tenga como fuente no la esencia humana, ni la razón propiamente dicha, sino nuestra propia condición como seres humanos, entendida esta como limitada y al mismo tiempo abierta a la posible superación de estos límites. Es sobre la base de la condición humana, entendida como algo dado, pero también abierta a lo posible, sobre la que debemos ir construyendo un edificio sólido que permita al ser humano encontrar un lugar en que pueda refugiarse y desarrollarse como hombre.

Es solo en ese espacio donde el hombre puede ejercer lo que llamamos dignidad, ya que es esa misma condición, limitada, pero abierta a lo posible,  la verdadera fuente su dignidad.

El hombre,  debe su dignidad a la posibilidad de superar los límites que le impone la naturaleza, o lo que es lo mismo, la posibilidad de superar al tiempo.

Para ello, debemos tratar de aproximarnos a lo que podría ser esta condición humana y determinar cuáles podrían ser sus principales características.

Para comenzar, debemos entender nuestra condición humana como limitada. El ser humano es el único ser en la naturaleza que se encuentra limitado por ella. Las plantas y los demás animales no están limitados por las leyes de la naturaleza, ya que estos no se resisten, sino asumen las condiciones que imparte la naturaleza, y por ello se despliegan en total libertad. La naturaleza nos es un limitante, sino más bien es el espacio donde estos fluyen. En cambio, lo característico en el hombre es el deseo de superar constantemente los designios de la naturaleza (como la inexorabilidad del tiempo),resistiéndosele constantemente. El hombre es parte de la naturaleza, pero no fluye dentro de ella, sino busca constantemente trascenderla.

Entonces, una característica básica de la condición humana es que es limitada. La fuente última de la apertura de este límite es la autoconciencia. La autoconciencia abre al hombre un mundo que le es propio, que tiende a contraponerse al mundo natural, sin ser consiente de ser parte de dicho orden. Este hecho genera una tensión entre el hombre y la naturaleza, que impulsa al hombre a dar batalla. Finalmente da la impresión de ser esta una guerra perdida, ya que el mundo que abre la autoconciencia es, muy a pesar del hombre, parte del orden natural, sujeta al tiempo, y aunque parezca ajena a esta sigue finalmente sus propias leyes.

Es así que el hombre, al ser autoconsciente, sabe de su mortalidad, abriéndose al absurdo y a  la futilidad. Al ser consciente de su propia muerte es consciente de lo limitado de su condición, teniendo con ello la oportunidad resistirse a este hecho, y buscar superarla. Solo el hombre dentro de todos los seres de la naturaleza se resiste inconscientemente al hecho de su propia muerte y muchas sociedades y culturas asentaron sus bases en la lucha humana de superar este límite.

Este primer límite que impone la naturaleza es tan determinante de la condición humana que provoca en nosotros la necesidad de crear entre nosotros ciertos lazos que posibiliten el surgimiento de la cultura.

Schopenhauer en ese sentido, tiene razón al afirmar que gracias a la condición mortal del hombre, este es capaz de crear lo que denominamos cultura, con el fin de hacer frente a los límites le impone la naturaleza.

Los dioses no son capaces de tener cultura, ya que al ser inmortales, no necesitan de la cultura para inmortalizarse, ya que no tienen límites que los incentiven a superarse. Ello explica porque los dioses griegos, por ejemplo, podían infringir reglas éticas y morales, no solo con los humanos, sino también entre ellos mismos, ya que la idea de límite les era completamente ajeno. Al no tener límites, los dioses, como se refería Platón, se asemejaban más a los animales que a los hombres, por el afán constante de colmar sus deseos y apetitos, impidiéndoles por ello tener conciencia de una moral que solo la cultura humana, consiente de sus propios límites, puede tener.

Es así, que la cultura es la respuesta del hombre a la muerte, ya que genera los espacios necesarios para que el hombre supere su finitud aspirando a la “inmortalidad”.

Es por las ansias de querer superar las condiciones limitantes de la muerte, y finalmente del tiempo en general, que el hombre se dispone a crear una cultura donde pueda: ser recordado en la memoria de los suyos, como lo pretendían los grandes héroes de la Grecia Antigua como Aquiles; tratar de encontrar y reafirmar lo estable e inmutable dentro o fuera el devenir del mundo, como lo hicieron la mayor parte de los presocráticos, Aristóteles, Platón, y los más importante filósofos de la historia; buscar vencer a la muerte con todo lo que ella implica,; la enfermedad, el dolor, la vejez, la pobreza tanto material como espiritual, todos productos temporales, como lo hicieron los grandes líderes espirituales de la antigüedad, como un Buda o un Jesús, etc.

Aparte de los límites últimos que le impone la naturaleza de manera objetiva, los límites naturales internos de la condición social humana representan también un límite natural que el hombre a través de la cultura, busca constantemente trascender.

Desde el punto de vista de la naturaleza, el hombre está diseñado para ser sociable con sus pares o superiores o en su defecto con personas de su propio grupo social, sean que estos se encuentren al interior de una tribu, una ciudad, una clase social o un país, pero tienen una natural propensión a ser agresivos, crueles y explotadores de los que ellos consideran que no son parte de su propio grupo.

Pero esta “naturaleza social humana” puede ser superada y trascendida. No nos sentimos a gusto con esta parte de nuestra naturaleza porque por ella sentimos con más fuerza los estragos del tiempo generando sufrimiento, miseria, esclavitud y muerte, reafirmando con ello, como decía Nietzsche el devenir. Recordemos que para Nietzsche reafirmar el devenir significaba aceptar el sufrimiento y la crueldad de la existencia. Una gran parte de la crueldad y sufrimiento de la existencia era producto de la insociabilidad humana y del ejercicio despiadado del poder. El superhombre tenía como misión reafirmar el devenir como voluntad de poder creadora, aun cuando para ello debía ir más allá del bien y del mal.

Es por esta razón, que el hombre ha buscado siempre superar y trascender esta natural insociabilidad suya, teniendo como meta máxima hacer frente a la tiranía del tiempo, madre de todas las tiranías, incluso de la de nuestra natural insociabilidad, que no hace más que reafirmarla. Esa lucha se puede ver en los grandes filósofos, como Platón, San Agustín y Kant y los más grandes líderes espirituales que buscan vencer los estragos del devenir a través de una concepción trascendental de la moral que pongan reglas eternas e inmutables. En las diferentes épocas de la historia, se ha buscado vencer la insociabilidad humana anteponiendo reglas morales atemporales. Y todos estos intentos se han dado al interior de una cultura, que es temporal, pero que ante los problemas del tiempo, buscan en su interior soluciones para vencer, de una manera u otra, los límites que generan nuestra insociabilidad, y por último, al tiempo mismo.

Los derechos humanos

Retornando al tema de los derechos humanos, pienso que para que estos puedan vencer todo tipo de tiranía y corriente autoritaria, sea en nuestro país o en cualquier parte del mundo, nos es suficiente una buena educación basada en buenos sentimientos, como plantea Rorty, sino además una real conciencia de nuestra condición humana y comprender que si bien parte de esta es la conciencia de nuestros límites, también lo es el deseo constante de querer superarlos.

Es en ese marco en donde debe entenderse el papel de los derechos humanos, como un intento real del hombre por superarse a sí mismo, y su condición humana limitada. Es dentro de esta aspiración humana a querer trascender todo aquello que nos limite, sea las leyes de la naturaleza, como el devenir, sea los límites que impone nuestra natural insociabilidad, donde se reafirma el devenir, que debe entenderse el papel de los derechos humanos en nuestras sociedades.

Los derechos humanos en ese sentido son una aspiración, cultural, pero también política, para que la humanidad supere los límites que genera su natural insociabilidad, en el marco de límites más amplios, buscando con ello regular el comportamiento de los estados y de las personas al interior de una comunidad internacional.

La comunidad internacional en ese sentido es consciente de los límites de nuestra natural insociabilidad, por lo que buscar mecanismos con el fin de sobreponerse de una u otra manera a esta condición es un intento loable de trascender nuestros  limites, externos e internos, que impone el tiempo o la naturaleza.

En ese sentido, una violación sistemática de los derechos humanos, como se dio en nuestro país en los 90´s, va de la mano por lo general de una no aceptación de nuestros límites como tales, sino de una concepción re-afirmativa del devenir, no comprendiendo a cabalidad nuestra condición.

Esto mismo lo podemos ver en movimientos como el fascismo, que se están extendiendo en Europa aun hoy en pleno siglo XXl; regímenes políticos que tienen como guía de su accionar solo los intereses del mercado y de la economía de consumo, cuyo ímpetu por mercantilizar todo, incluso el mismo tiempo, no hacen más que promover y reafirmar el devenir. Para unos el hombre no está limitado ni por el tiempo ni por la muerte ya que estos no son más que una apertura a lo posible , para otros esos límites no pueden ser superados, por lo que debemos simplemente fluir, cual animales, con ellos. Estas dos actitudes creo son la fuente última de todos estos problemas.

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