SACRIFICIO RELIGIOSO, SUERTE MORAL Y NATURALISMO

INTRODUCCIÓN: SUERTE Y AGENTE MORAL

La visión clásica y trascendental de la moral, concibe al agente moral como incondicionado moralmente. Con esto queremos decir que las circunstancias, o las vivencias particulares de la vida, son irrelevantes para realizar un juicio sobre la moral de una persona y sus acciones. (A las circunstancias de la vida, que por naturaleza caen fuera de la voluntad del agente, y a corto o largo plazo pueden determinar nuestras decisiones o acciones morales, se le llama Suerte Moral, véase el libro de Bernard Willians, Moral Luck). Se juzga a la persona por sus acciones e intenciones en un caso concreto, y no se toma en cuenta para juzgarla su historia personal. En las circunstancias en la que se manifiesta un dilema moral, se juzga si la persona ha actuado o no correctamente en función a la intención que ha tenido de actuar según las normas morales que se tienen como valiosas. Asimismo, la visión clásica de la moral, concibe las normas morales de manera realista, no son una invención de la mente del sujeto, y las concibe como universales, absolutas y trascendentes. (Platón, Kant, San Agustín, etc.).

Para entender el origen de esta concepción clásica de la moral, debemos comprender por qué desde este punto de vista, la suerte moral no es relevante para juzgar a un agente moral, sino que el acto moral es hasta cierto punto independiente de otros aspectos de la vida del sujeto, así como de otro tipo de acciones realizados por él.

En este trabajo, veremos que ello se debe a que el acto moral no es concebido por la moral clásica como una acción humana cualquiera, sino que los actos morales son acciones de una naturaleza bastante especial, por medio del cual el hombre participa de un orden de cosas diferente a las convencionales.

En ese sentido, las acciones morales responden a un orden de cosas diferente a la que podría corresponder un tipo de acciones más simples, y esto lleva a que la acción moral presente por sí misma una connotación y un significado intrínseco, que mana sola de sí.

Si la acción moral fuera un ente, ésta sería una mónada, un ente cerrado, lleno de significado en sí mismo, que tiene su fundamento y raíz en un mundo trascendente, del que el sujeto tiene acceso solo cuando realiza un acto moral, y del que se desliga cuando se encarga de los asuntos de “este mundo”.

EL SACRIFICIO RELIGIOSO Y LA MORAL SACRA

En la antigüedad, mucho antes de Sócrates y Platón, las acciones morales estaban revestidas de un componente fuertemente religioso y sacro. De hecho, no se podía distinguir claramente una acción moral de una acción religiosa y/o cívica. En ese sentido, las acciones se dividían, no tanto entre justas o injustas como entre acciones puras o impuras. Lo justo era puro porque era grato a los dioses y propiciaba la comunión íntima con ellos, mientras lo injusto era impuro porque ahuyentaba a los dioses del mundo de los hombres y propiciaba su cólera e ira.

La visión y experiencia más extrema de esta concepción de la relación entre lo puro e impuro, justo e injusto, bueno y malo, lo tenemos en la cultura judía, en la que el mundo en sí mismo, caído junto al hombre por el pecado de este, es impuro gracias a que el pecado del hombre lo hizo inhabitable para Dios. La distancia entre este mundo y Dios se debe, no tanto a la condición de creación de la nada de este mundo material, como a la corrupción de este mundo por el pecado. El mundo y el hombre está manchado por el pecado original, contaminado por la desobediencia a la divina potestad, por lo que Dios no puede tener contacto con nada a lo que el hombre concierne, incluido este mundo en el que habita. Es esta la causa por lo que el mundo material está dominado por el tiempo, la enfermedad, la muerte y el sufrimiento; por el pecado del hombre, cuya desobediencia y subsiguiente impureza, expulsó a Dios de su presencia. En ese sentido, la enfermedad, la pobreza, la miseria, la penuria, la vejez, el tiempo, son todos ellos productos de la ausencia de Dios. Casi por definición lo son. Lo impuro no es impuro perse, sino es impuro porque en él Dios no puede manifestarse. Es lo impuro el opuesto ontológico de todo ser, de todo bien, a todo lo santo, justo y bueno.

En ese sentido, la obsesión judía por la impureza radica en la búsqueda de la presencia de Dios en medio de este mundo contaminado. El ritual religioso, la limpieza ritual, y el destierro de todo lo que sea impuro, acondiciona a la persona, los recintos sagrados y a la comunidad en su conjunto para que Dios pueda manifestarse. El sacrificio ritual en el mundo judío, tenía como fin limpiar la impureza producto de una desobediencia a las leyes de Dios, el contacto con personas impuras, como mujeres en etapa de menstruación, leprosos o lisiados, etc. El sacrificio en el templo era la única forma para los judíos de limpiar y acondicionar su persona, su hogar y su comunidad para acercar más a Dios a sus vidas. Se presenta aquí en su máxima expresión, el rol purificador del sacrificio religioso. La lógica de aquel se presenta en otras manifestaciones religiosas y culturales, como veremos a continuación. Sin embargo es importante hacer notar, que ese mismo rol purificador del sacrificio religioso lo tendrá más adelante la acción moral como sacrificio religioso secularizado , presente en filósofos como Sócrates y Platón.(Véase, para más información sobre la concepción de impureza en el mundo judío, José Antonio Pagola, Jesús Aproximación histórica, cap 1,2,3; Biblia, Levítico).

Así mismo en la antigüedad, en sus diversas culturas, las reglas morales y religiosas eran también reglas cívicas, consideradas ellas mismas mandatos divinos. El individuo se sentía parte de una comunidad orgánica. La moral de una persona se identificaba por su respeto a las leyes y a las autoridades del estado, leyes y autoridades que eran avalados por el poder y beneplácito divino, convirtiéndolo también en un deber sacro, religioso y sagrado. Como dijimos anteriormente, civismo, religión y moral, eran conceptos indistinguibles en esas épocas.

Un ejemplo de lo indistinguible que era un acto moral de un acto cívico -religioso, lo podemos apreciar en la forma de interpretar por parte de los antiguos los castigos divinos, como plagas, pestes y terremotos, en la que la acción impura de un individuo es pagada con la vida y riqueza de todos los miembros de las comunidad, ya que la acción injusta o impura del individuo no se distingue del de la comunidad en su conjunto. Un ejemplo de lo dicho, lo tenemos en la cultura griega, donde el deber para con el estado y la comunidad es muy marcado.

Por ejemplo, Agamenón en la Ilíada, secuestró a la hija del sacerdote de Apolo en Troya, Criseida, acción vista como injusta aún por los propios griegos, ya que esta era una sacerdotisa del templo de Apolo y estaba protegida por aquel dios, al que se adoraba tanto en la Elade como en Troya. Desde la lógica moral de nuestro tiempo, lo divino y las leyes deberían solo sancionarlo a él respecto a su vida, salud o bienes; sin embargo, el castigo del dios a Apolo no fue directo a Agamenón ,como individuo, sino a todos los griegos en su conjunto. Para apaciguar la cólera del dios, Agamenón tuvo que sacrificar su orgullo y el bien conquistado al dios, y no por propia voluntad, sino por la presión misma de los griegos que sufrían la ira del ” de la divina flecha”. El secuestro a la doncella por parte de Agamenón fue no solo un acto inmoral, sino también impío y contrario a todo civismo.

Otro ejemplo de una acción moral en el que la lógica del sacrificio religioso está mucho más presente, y en el que aquel acto es concebido como cívico, moral y religioso a un tiempo, lo tenemos en el sacrificio de la hija de Agamenón, Ígnea, a la diosa Artemisa. Este mito está magistralmente narrado por Eurípides, al que le imprime su propia lógica y pensamiento. El mito cuenta la muerte de esta niña indefensa por mano de su padre, con el fin de que los vientos, que impedían a los barcos partir hacia Troya, sean favorables. En este caso, un bien tan preciado como lo es un hijo, es sacrificado a la diosa Artemisa para propiciar un favor que beneficiará no sólo a Agamenón, como rey de reyes de los griegos, sino a todos los griegos para vengar el agravio y humillación sufrido por los troyanos. Aún cuando Agamenón se arrepiente de haber asentido para aquel acto, ya no puede dar marcha atrás a los acontecimientos, ya que su propio hermano y los guerreros griegos demandan el cumplimiento de lo pedido por la diosa y podrían sancionar a Agamenón con su vida si se rehúsa a cumplirlo.

Negarse al sacrificio de su hija no sería sólo un acto inmoral, sino un acto de impiedad religiosa y contrario su deber como rey.

Con los ejemplos antes expuestos, podemos ver como el sacrificio religioso, y las acciones morales que se realizaban bajo esa misma lógica en la antigüedad, tenían un fuerte sentido comunitario y cívico. Su no cumplimiento era un atentado no solo contra el dios, sino también contra la comunidad. La acción que cometió Agamenón de Sacrificar a su hija era moral, cívica y religiosa, no había propiamente una distinción clara entre estos conceptos. La venganza de la esposa de Agamenón por la muerte de su hija hacia su esposo y la manera en la que Eurípides narra la historia, en la que se ve el sacrificio de la niña inocente por la presión de la tradición, creencias religiosas y ansias de dominio y venganza por parte de los griegos, es una crítica de Eurípides a esa concepción sacra de la moral. No por gusto, como ya observó Nietzsche en su tiempo, Eurípides era el escritor favorito de Sócrates, filósofo que lideró la desacralización de la moral en Grecia y es uno de los primeros artífices de la concepción de la moral como sacrificio religioso secularizado.

La moral, como sacrificio religioso secularizado, presentará como veremos muchos aspecto de la lógica sacra del sacrificio religioso, pero también componentes nuevos en el que el individuo y sus acciones tienen una mayor autonomía tanto en su ejercicio como en su conciencia moral. La acción moral tal cual lo entendemos hoy en dia fue desligandose en forma y contenido de otro tipos de acciones, como lo es la acción civica y propiamente religiosa. Este proceso lo podemos ver en Eurípides, en Sócrates, en Platón y todos sus herederos en la historia de la filosofía.
En otras palabras, hay un proceso histórico, social, cultural y hermenéutico por medio del cual la moral va se desprendiéndose poco a poco de otro tipo de acciones y vivencias, como los actos cívicos y religiosos y estas entre sí. Esta concepción inicia en occidente en Grecia, con filósofos como Sócrates y Platón, aunque en otras culturas se dan procesos similares, aunque nunca iguales. Sin embargo, la secularización de la moral mantiene la lógica sacra del sacrificio religioso en muchos aspectos, del cual se inspira y desarrolla como veremos a continuación.

SACRIFICIO RELIGIOSO Y EL ACTO MORAL: PUERTAS DE ACCESO A OTRO MUNDO, ANALOGÍA Y SIMILITUDES.

La idea del acto moral como Sacrificio religioso secularizado, que participa de un mundo trascendente y que se concibe como autónomo y monádico, va de la mano de una creencia bastante antigua, casi atávica, referente a que algunos actos humanos escapan al devenir de la historia y de la naturaleza y participan de otro orden de cosas. Un ejemplo de este tipo de acciones es el sacrificio religioso, que para los antiguos, según Mircea Eliade, es un acto humano que participa de un tiempo y de un espacio divino, fuera del espacio y tiempo convencionales.

El sacrifico religioso, según Mircea Eliade (véase “El mito del eterno retorno” y “Lo sagrado y lo profano”), cumplía un rol social y teológico liberador. Servía, por un lado, para liberar al hombre de hechizos, demonios, del castigo de los dioses que se manifestaba en plagas, etc. y por otro lado, el sacrifico religioso, hacía de un espacio-tiempo secularizado, profano, un espacio y tiempo renovado, participe de un mundo trascendente y divino. El sacrifico religioso, liberaba el espacio de la tiranía del tiempo, haciéndole partícipe de la eternidad. El tiempo y el espacio son purificados por el sacrificio religioso de la corrupción aniquiladora del tiempo, abriendo las puertas a que los dioses puedan habitar recién en el recinto que sobre él se construya. Su templo en la tierra. El acto mismo del sacrificio ritual no formaba parte de este mundo, sino que tenían su origen antes del comienzo de los tiempos, antes de su fundación y despliegue.

En el sacrificio religioso, se busca ofrecer algo propio (sea su propia persona, familia o bienes), a un dios o un conjunto de dioses para que lo purifiquen o le cumplan un deseo, sea por el bien suyo o el de la comunidad. Un ejemplo de como el sacrificio religioso puede extenderse de tal forma que pueda manifestarse en todas las formas y tipos de acciones de un individuo, y en la que toda acción puede ser un ritual de ofrenda a Dios, lo tenemos en el libro espiritual más importante de la india (el Bhagavad-guitá) .En él, el dios Krishna da a conocer a Arjuna que el sentido último de todas las acciones, incluso las acciones morales, es el sacrificio religioso. Todo debe hacerse pensando en dios, en servir a dios. Las acciones que se hacen con devoción escapan al orden temporal y profano y se convierten en un sacramento.

En el acto moral, la lógica del sacrificio también está presente, ya que en el acto moral se sacrifica el propio yo, con el fin otorgar al que se le hace aquel sacrificio (un dios o una persona), una dádiva o una ofrenda.
Así mismo, un ejemplo del rol liberador de la acción moral, muy similar al que se observa en el sacrificio religioso, la tenemos en la visión que presentan Platón y Sócrates de la acción moral. Para Platón y Sócrates, el hombre era libre solo cuando llevaba una vida de acuerdo a la virtud, porque mediante ella escapaba a la tiranía de las pasiones y gracias a ello purificaba su alma. En el contexto del dualismo Platónico-Socrático, el acto moral cumplía un rol espiritual purificador, liberaba al alma de la contaminación de los sentidos, y lo acercaba más a la vida divina. En ese sentido, el templo, como lugar espacial, al que el sacrificio religioso acondicionaba para que puedan habitar en él los dioses, se traslada al propio cuerpo, que debe ser liberado y purificado mediante la acción moral, para que habite la propia alma, que es divina y en las religiones cristianas, de fuerte influencia platónica, Dios mismo. El acto virtuoso era el sacrificio necesario para purificar el alma, morada de la divinidad.

Siguiendo esta línea, una muestra secularizada de la moral entendida como sacrificio, que escapa del tiempo y el espacio convencionales, en época ya bastante moderna, nos los da la visión Kantiana del acto moral. El la visión Kantiana del acto moral, podemos apreciar cómo los componentes presentes en el sacrificio religioso se mantienen aún presentes.

Kant concibe al acto moral como absolutamente incondicionado: el acto moral para Kant era el único acto realizado por el hombre que escapa a la naturaleza,entendida esta como fenómeno dominado por la causalidad. Para Kant, el acto moral no tiene causa ni produce efectos en la naturaleza, solo el acto como fenómeno es una causa que produce un efecto observable en la naturaleza. El acto moral participa del noúmeno y escapa al fenómeno.

Por ejemplo, si una persona ayuda a un enfermo necesitado de ayuda, porque ha deliberado racionalmente que eso es lo correcto, y realiza ese servicio solo porque eso es lo correcto, independientemente si lo desea hacer o no, esta persona está actuando moralmente. El acto moral será moral por la deliberación racional que ha realizado, no por el acto mismo. En ese sentido, el acto moral por sí mismo, no puede ser observado. Ese es el noúmeno. En cambio, El fenómeno de la acción, será la constatación observable de que la persona está ahí, sirviéndole una tasa de sopa caliente. Sin embargo para Kant, la acción misma como fenómeno no entra en el campo de la moral, porque no puede discernirse con la sola observación de que la persona que está ahí ayudando, lo hace con la intención de ayudar por principio, y no por sacar algún provecho.

Por ello el acto moral, como noúmeno, al no ser observable, no puede ser conocido teóricamente, pero sin embargo es algo que puede vivirse y experimentarse. No es algo que se pueda ver ni observar, pero existe. Pero ¿en dónde? Para Kant, existe como una acción que participa de otro mundo, fuera del espacio y del tiempo, en el mundo de los fines. Gracias a la moral, el hombre escapa a la tiranía del tiempo y la naturaleza y participa de un mundo donde no existe el tiempo, ni el espacio, un mundo que podríamos llamar, divino. Algo parecido con lo que ocurría con el sacrificio religioso, que liberaba al hombre de la causalidad y temporalidad profana que se identificaba con la naturaleza para dar acceso a “otro mundo”.

Podemos concluir entonces, que la acción moral y el sacrificio religioso, son dos acciones humanas que escapan al devenir del tiempo y del espacio, y son ambas una puerta de acceso a un mundo que, si bien puede vivirse y experimentarse, no puede mostrarse ni demostrarse empírica ni lógicamente. En eso radica su similitud, fuerza y sentido.

Así mismo, podemos apreciar que el acto moral, como el sacrificio religioso, es un acto revestido de la forma y contenido de un acto ritual, que tiene sentido en sí mismo, y es esa la razón por la que debe ser juzgado desde sí mismo, como un hecho que se da aparte de los otros aspectos de la vida y psique del sujeto, ya que tienen una fuente extra-temporal y extra-mundana. Ello explica por qué la suerte moral no es importante para juzgar a una persona por la realización de un acto o decisión moral. La suerte es de este mundo, no acorde con la lógica del acto moral. Lo importante es si cumple o no con el ritual observado, si se purificó o no el alma, si se acondicionó o no el cuerpo para que habite la divinidad en él, si se cumplió o no con el deber en función a las leyes establecidas por la razón desde “otro mundo” ,sea este otro mundo la mente de Dios o el mundo de los fines Kantiano.

SACRIFICIO MORAL Y NATURALISMO

Desde la teoría moral contemporánea naturalista, filósofos como Bernard Williams y Anthony Appiah, cuestionan esta antigua figura del acto moral como sacrificio, que participa de un mundo trascendente y que es independiente de este mundo. En ese sentido, las concepciones de Bernard Williams y Appiah, son un intento de entender la moral desde otras perspectivas, desprendiéndose de una lógica de entender la moralidad como sacrificio que presupone al hombre como participe y dividido entre dos mundos. Estos autores quieren explicar el acto moral desde este mundo, y entienden a la moral como un producto temporal, bastante humano.

Desde esta perspectiva, la concepción de que la fortuna moral, o las circunstancias de la vida de las personas, son importantes para juzgar moralmente a una persona, es correcta en un sentido pero no en otro. Es correcto, si lo que se quiere es entender al ser humano de una manera completamente nueva, o bajo otra manera completamente nueva de entender las normas morales, el agente moral y la moral misma, que escape a la concepción de la moral como sacrifico secularizado y quiera tomar en cuenta la vida concreta de las personas.

En ese sentido, una moral que tome en cuenta la fortuna constitucional, así como la fortuna intrínseca y extrínseca a la hora de juzgar no moralmente, si no a la persona como tal, es ciertamente una manera bastante humana de ponerse en el lugar del otro y de poner los pies bien puestos en este mundo. Va de acorde con una visión bastante naturalista de entender la moral.

Sin embargo, antes de hacer este tipo de empresas, habría que definir claramente que entendemos por moral y si podemos dar ese paso. Debemos primero ponernos de acuerdo en lo que entendemos por moral para luego saber dónde y qué buscar, ya que quizás corramos el peligro de usar equivocadamente el lenguaje llevándonos con ello a errores y contradicciones.
Por otro lado, como hemos visto, nuestra concepción de moralidad, tiene una historia. Es importante no confundir, como hace Patricia Churchland en su libro “El cerebro moral”, actos morales con actos sociales. La moral, por usar un concepto hermenéutico, presenta horizontes de sentidos amplios, vastos, e históricos, que se extienden, por lo menos dos mil quinientos años. En esa historia, apreciamos como la moral fue desprendiéndose, como acto autónomo y solo humano, de otros tipos de acciones, como las cívicas y religiosas, aun cuando en ciertas ocasiones la incluyan.
Las acciones morales tienen una carga significativa y simbólica que un mero acto social, sea humano o animal, no posee.

El mundo de la naturaleza presenta hechos, no interpretaciones. Nuestra sociabilidad es un hecho tan real y natural como nuestra natural insociabilidad. La existencia de módulos morales, como cree Fodor, es compatible con módulos insociables que pueden ser valorados por las diferentes culturas de manera diferente y hasta antagónica. Los romanos divinizaron a Julio Cesar. Cesar representaba todo lo que nuestra naturaleza competitiva y antisocial representa, ansia de poder, dominación, explotación hacia fuera de nuestro grupo, y lucha por el prestigio, los recursos, y la gloria hacia el interior. No es de sorprender por qué los romanos crucificaron a Jesús, y por qué los cristianos fueron perseguidos. Representaban los actos sociales que no eran bien vistos por los romanos y que nosotros, por nuestra particular época histórica, valoramos y promovemos. ¿La valoración de nuestras tendencias sociales e insociables no escapa a la mera naturaleza de los hechos, y no es en cambio parte de la historia misma del espíritu?. La exposición de este trabajo, con el concepto de sacrificio religioso secularizado, responde afirmativamente aquella inquietud.Y si se quiere hacer teoría ética deberíamos ir más por este rumbo aquí señalado.

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