Cavilaciones Gurdjieffianas I

El hombre se encuentra, a cada paso, con dilemas éticos, morales, sociales y existenciales, de toda clase e índole imaginable.Las presiones sociales y estructurales de nuestras vidas particulares nos enfrentan a decisiones cada vez más complejas y difíciles mientras vamos creciendo, desarrollándonos y “madurando”.

Mientras más nos adentramos en la complejidad de la vida humana, con todos sus claros y negros matices, más nos vamos enfrentando con miedos y angustias nuevas. Y con ello  nos damos cuenta, cada vez más, de la mecanicidad que anima el entramado de nuestro ser humano.

La mecanicidad cotidiana de nuestro ser, de la que tanto habla  Gurdjieff y Ouspensky, se hace particularmente insoportable para aquellos que se encuentran en el justo límite entre la Conciencia y la inconsciente mecanicidad.

Actuamos, sentimos, proyectamos mecánicamente, y nuestra conciencia cada vez más despierta, se hace eco de aquel engranaje, para constatar desilusionados, el ímpetu de aquella corriente que nos arrastra irremediablemente.

En ese limbo en que nos encontramos, patente ante todo en el dilema moral o de simple humanidad, nos damos cuenta con pesar de nuestra lamentable mecanicidad.

Nos  reconocemos máquinas complejas, materia  mecánicamente organizada , en la que impera la oscuridad y la maldad; pero reconocemos también en nosotros una pequeña chispa  divina,  aislada y escondida entre las numerosas tuercas y tornillos, que lucha  en vano por brillar.

Aquella chispa,ansiosa de libertad, es prisionera de esta máquina. La máquina no tiene otro fin más que impedirla brillar.

Aquella máquina demoníaca y oscura, compuesta de emociones, pensamientos y deseos perversos, está dispuesta a cualquier cosa para perpetuarse y cumplir su propósito. Se asemeja a un agujero negro, denso y peligroso,  que absorbe y devora todo aquello que no sea ella misma, y de aquello que devora,  obtiene la energía que necesita para mantenerse y prosperar. Aquella máquina que habitamos y con el que nos identificamos es una máquina de  muerte. Y no es la única. Cada ser humano es una máquina. La humanidad entera es una máquina. La tierra es una máquina. La vía láctea es una máquina.El cosmos es una máquina.

Aquella máquina que somos, imagen misma del cosmos, este ego, este agujero negro demoníaco,  programado para depredar y morir, lucha por perpetuarse. Y así como las leyes de la física decretan que nada en el universo puede escapar del ámbito de influencia de un agujero negro, ninguna luz espiritual parece poder escapar de su influencia. No solo se alimenta de la chispa divina que aprisiona, sino también de toda luz divina que deambula fuera de ella. Esto mismo pasa con todas las demás maquinas que nos gobiernan en los diferentes planos y niveles del ser.

El verdadero milagro en esta vida radica en vencer las leyes naturales de nuestra mecanicidad. Vencer a las mismas leyes de la naturaleza material y espiritual. Este es el verdadero don de dios, fin último de todo misterio y revelación.

Gurdjíef, afirmó que nuestra mecanicidad responde a la estructura  del mundo, del cosmos. El cosmos mismo es mecánico. Y nosotros formamos parte de aquella máquina. Nuestra máquina  es regida por las leyes del universo.Los procesos inconscientes de nuestra personalidad responden a estructuras cósmicas que nos sobrepasan y condicionan. Solo el milagro de nuestra conciencia, el ser conscientes  de la máquina  que somos y gobierna, la consciencia de toda la mecanicidad que nos rodea, nos permitirá, dice  Gurdjíeff ,escapar de ella, y convertirnos de máquinas programadas a programadores de máquinas. Aquí es donde comienza el despertar.

Esta meta es difícil de lograr, más en esta época en que vivimos. Vivimos en un mundo que está estructurado y diseñado para alimentar a la máquina de nuestros egos. Todo en este mundo está diseñado para que la luz espiritual, que habita en nosotros no brille, o brille lo menos posible.

Los ideales contemporáneos de éxito, logro, riqueza y poder, el superyó freudiano que nos trastoca, hipnotiza y corrompe en todos los niveles imaginables llamándonos a satisfacer y a alimentar a la máquina personal y cósmica que nos gobierna y esclaviza, … contra todo ello debemos luchar. Debemos despertar de todo ello.

Esto es,ahora, más difícil que nunca.El hecho de que líderes mundiales reemplacen la “realidad” por la ficción, volviendo al mundo un gran set de televisión, es un síntoma de la situación tan critica en la que nos encontramos. Todo nos anima a dormir. A no prestar atención. Todo nos anima a soñar.

El sueño de la vigilia,  un sueño inmemorial, ahora es un sueño dentro de otro sueño. Y si el sueño de la vigilia, ya es horroroso de por sí, el sueño de la tele-realidad de nuestra civilización lo supera con creces. Debemos despertar no solo de la vigilia cotidiana y mecánica, sino también de toda aquella maquinaria de ficción en la que nuestra civilización  se ha ido asentado en los últimos doscientos años.

Nuestra única misión, ahora que sabemos que soñamos,   debe ser despertar. Y para ello es necesario hacernos de un método.

El cuarto camino de  Gurdjieff, el yoga, la meditación, el camino de la magia y el ocultismo,etc, tienen como único fin  despertar la mente para que adquiera más conciencia. Solo la conciencia libera. Busquemos el método. Dediquemos el poco tiempo que tenemos a aquella meta.

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