Avance del Libro: “Los sueños de Dios”- Satanás I

SATANÁS I

 

 

Satanás, tras haber enviado a sus demonios a atormentar a Job, y esperando de ellos los alcances de las diversas torturas y calamidades ocasionadas al favorito de Dios, comenzó a cuestionarse los motivos para que aquel ser supremo diera rienda suelta a ejercer lo que, para él ,era su placer más exquisito: hacer sufrir a los buenos, nobles, y píos; llevarlos por los caminos de la agonía y de la desesperación, y tras una temporada en sus manos, convertirlos y transfigurarlos en seres abyectos, demoniacos, abominables.

Eran pocas las ocasiones en la que Satanás tenía suficiente libertad para actuar a sus anchas sobre la vida de un protegido de Dios. Y si bien tenía él algunas ocasiones para medir la fe, confianza y amor de aquellos elegidos, hasta ese momento, el Todopoderoso, no había nunca permitido que llegara tan lejos.

Este hecho extraño, fascinante e inexplicable preocupó y entusiasmó a Satán a un tiempo.

Lo inesperado en el compartimiento por lo general tan predecible de Dios  le preocupaba por la necesidad ahora de cambiar de estrategia, pero también le animaba la posibilidad de haber socavado de alguna manera la “inmutabilidad divina”.

Mientras reflexionaba estas cosas, un rayo en el horizonte llamó su atención. Era Belcebú, el primero al mando de su legión de ángeles caídos, que tras haber cumplido su encomienda, se apresuraba a presentarse cuanto antes ante su “amo”.

-Mi magnifico señor- pronuncio tembloroso Becelbu, tras apenas haber tocado tierra-, siguiendo sus órdenes, las tierras de Job han sido arrasadas por los vientos y huracanes que su ejército de demonios y yo hemos orquestado para brindároslo como tributo.

Belcebú, en ese momento, saca de su manto una bola de cristal negra como la muerte, que al agitarse en sus manos, se va tornando luminosa y transparente- Observe su excelencia-prosiguió- Contemple como ha quedado el otrora fundo de Job, antes adornado de magnificas construcciones y fuentes de diversos tamaños, se muestra ahora devastado y ruinoso a causa de los fuertes vientos que hemos dado a luz con nuestra mente, y por el fuego que, tras una paciente espera, hemos desencadenado como corolario a tan estimulante faena. Pero eso no es todo, mi señor. No solo nos hemos dedicado a los dulces placeres de la destrucción, sino también al del asesinato. En los campos, en el momento en que ejecutábamos nuestra misión, se encontraban cosechando los labriegos de Job , dirigidos por Samuel, su primogénito, y sus capataces. Todos perecieron mi señor. Unos arrastrados por los fuertes vientos a cientos de kilómetros, donde cayeron a un despeñadero, otros, aplastados por los frondosos árboles que caían cuales piedras sobre ellos.

Satán contemplaba extasiado el espectáculo. Aquel le era mostrado con todo lujo de detalles, en imágenes multidimensionales imposibles de describir para un lenguaje convencional, pero claras para una mente “infinita”. Aquellas Imágenes, se sucedían unas a otras, cargadas de emociones y dolores que eran sentidos y vívidos cuales sellos en su alma. Observar aquellas imágenes, sentirlas y vivenciarlas cual dulces punzadas en su estómago, era darse un banquete exquisito. No solo presenciaba y se divertía con el espectáculo, sino que se alimentaba del sufrimiento concentrado en cada minúscula partícula de luz que, al unisono, mostraban el miedo y el dolor de cada uno de los ajusticiados.

-Bien hecho. ¡Que espectáculo!¡Delisioso! -expreso emocionado Satán-. ¿Y fuiste a con los caldeos? – Pregunto el alter ego de Dios.

– Si mi señor, nos pusimos en contacto con ellos. Nuestras huestes, están ya trabajando para insuflar en los generales el odio, la avaricia y la envidia. Dentro de poco, desgracias muchas más grandes se cerniran sobre las tierras de Job y el resto de sus hijos y siervos.
-Buen trabajo soldado, buen trabajo- habló contento Satán- Estoy muy satisfecho contigo-

Satán sonreía, sufría y disfrutaba. Al verse desbordado por la emoción, tomó aire para apaciguar las fuertes emociones que, con ocasión del dolor y de la magia, sentía. Luego, prosiguió.

-Como te prometí, doy mi consentimiento a que atormentes a la pequeña Lisbeth y te apoderes a gusto de ella. Ella será recompensa. Bien sé que la deseas. Puedes utilizar todos los dones que tu naturaleza te ofrece. No tienes ningún límite. Anda pues, y divierte.
-Muchas gracias su excelencia.
-Graba todo lo acontecido con aquella niña en tu bola mágica, quiero ver todo el proceso y deleitarme con el espectáculo. Así pues, Esmérate. Espero que me traigas un alimento tan delicioso como el que me has hecho degustar el día de hoy.

-Por su puesto su magnificencia, todo será grabado para su deleite.

Una vez que Belcebú terminó de hablar, tomó impulso, y voló a satisfacer sus ansias de sufrir y hacer sufrir, dirigiéndose al norte, a la pequeña comarca de Jaén, donde Lisbeth, ignorante del peligro ahora por venir, duerme plácidamente en su pequeña cama de paja, a lado de Thot, el perro pequeño y lanudo que le sirve de compañía en las largas faenas de la ganadería.

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